¿Por qué emigré?

cruz diez maiquetiaMe he hecho esta pregunta muchas veces, buscando las respuestas que le diera paz al instinto de mi decisión.

Emigrar fue un riesgo y una promesa a la vez. Fue la melancolía estéril de quien pierde el piso firme de su tierra, pero también la esperanza de quien recobra su libertad. Con el tiempo he encontrado justificaciones suficientes para haber dejado atrás toda una vida, para inventarme una nueva.

Emigré cuando las circunstancias políticas, el dinero mal habido y el poder volvieron a Venezuela pequeña, extraña y patética, individual y mezquina. Emigré cuando caí en cuenta que los líderes de oposición eran los propios Judas, que nos vendieron tras bastidores, pactando con el régimen en los negocios corruptos que ellos tanto denunciaban. Emigré harta de enfrentarme a los minotauros de laberintos leguleyos y corruptos de tramitar cualquier simple documento.

Emigré cuando se me trabaron las palabras al explicarle a mis hijos lo que era ser un buen ciudadano, mientras la realidad de la calle les enseñaba todo lo contario.

Emigré cuando temí que se me enredara la mente con los discursos eternos del tirano sobre una revolución de la que no quise ser parte. Emigré cuando me impusieron a Cuba como ejemplo del único camino cierto, en lugar de establecer los de cultura, educación y bienestar.

Emigré cuando mis compatriotas guerreros se entumecieron, esperando pasivos, los resultados de las siguientes elecciones, o peor, intercambiando ingenuas opiniones sobre la certeza de que los gringos vendrían a salvarnos y no permitirían que Venezuela se convirtiera en otra Cuba.

Emigré cuando nuestras playas, llanos, tepuyes, médanos y sierras no fueron suficiente excusa para quedarnos , porque la belleza no vale nada si está teñida de la muerte.

Emigré para que no murieran mis porfiados ideales de libertad; cuando la inseguridad y el desconsuelo se volvieron tan cotidianos como la arepa, y cuando llegué a la conclusión que era mejor el cruento frío del invierno que el de la morgue.

Emigré cuando despertaba todos los días sin un sueño, temiendo no tener país, con el terror de un golpe de estado… o a veces, esperando que sucediera de una buena vez.

Emigré cuando tuve la certeza que el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar era  la única salida posible…

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