¡Oh! ¿Qué será?

No tengo ganas de escribir. Ha sido una semana lenta y difícil. Un trabajo que me absorbe, unas noches que me fustigan. Afuera hay un metro de nieve, sin esperanza de que desaparezca pronto. No he dormido bien y el cuerpo me lo reclama. Pero el despertador con su melodía de Bach en cello, me recuerda que mi destino comienza todos los días, llueve truene o relampaguee, a las cinco de la mañana. Noel dice que soy masoquista; quizás tenga razón. Pero, no sé cómo explicarle que las ganas de escribir son algo como el amor. Inexplicables, etéreas, una fuerza universal. No se ve, pero se siente.

¿De dónde vienen este apetito irreprimible por las palabras? ¿Cómo surgen del medio de mi pecho? ¿Por qué me levanto a escribir a pesar de que quiero seguir durmiendo? Quizás soy un animal de rutinas, quizás es algo más. Escribir es vencer mil pequeñas batallas y una gran guerra.

Solo sé que, una vez derrotada la inercia, me lanzo a crear ese universo que quiero para mi. En el silencio de la casa y de la nieve afuera, tomo el café mientras algunas palabras emergen de mi lápiz sin explicación posible. Solo sensaciones e inquietudes. Una presencia entre fantasmal y angelical. Y así, voy penduleando entre recuerdos y sueños, pasado y futuro, pero siempre presente. Escribo…

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