El ensayo personal

Buscando balance

Hay tantas cosas que no entiendo. Me agobia tanta polaridad, tanta injusticia, tanta violencia. El mundo esta cada vez más dividido, cada vez más inseguro. Cada persona parece aferrarse a sus dogmas como una tabla de salvacián con la que le darán palo a quien piense distinto.

Siendo mujer e inmigrante, pertenezco a esos grupos vulnerables a quienes han pisoteado por siglos. Digo vulnerables pero ser mujer requiere fuerzas casi sobrehumanas para llevar a cuestas a hijos, familia, trabajo y encima, ser inmigrante anda uno purgando nostalgias e incertidumbres, todo con mucha templanza, arrojo, paciencia y dignidad. Escribir sobre esas experiencias personales revuelve mucho, escarba costras.

Escribo para descubirir lo que estoy pensando, lo que estoy mirando,

lo que veo y lo que significa

Joan Didion

Entonces descubrí el género del ensayo personal. Crear un ensayo personal es como intersectar tu autobiografia con periodismo. Es un texto de descubrimiento, de reflexión quizás sin el drama de una novela. No quiere decir que no sea emocional, porque cuando uno revuelve sus pensamientos sobre un determinado tema, surgen sensaciones, dudas y epifanías. El ensayo personal es un arte lento que requiere valentía para exponer lo que uno va descubiriendo, sobre todos si va en contra de lo aprendido como cierto durante toda la vida.

Por ahora, solo practico, por eso se llama ensayo. Es una practica, es explorar nuevas técnicas y puntos de vista. Una forma de desentrañar un tema sobre el cual tengo convicciones profundas y explorar el contrario, no para solidificar la piedra de mis creencias, sino para aprender a ponerme en los zapatos del otro. Es una forma de parar esta polarización en la que vivimos.

Sé que hay temas, como la dictadura en Venezuela, el narcotráfico, la muerte de niños indígenas a manos de la Iglesia, que no tiene visiones alternativas posibles. Pero hay otros como: aferrarme a lo seguro, aprender a deslastrarme de lo material, explorar lo que siento sobre la muerte, la profesión y la emigración, que valen la pena explorar, comprender y ampliar.

Le he dado vueltas a La hija de los inmigrantes durante mucho tiempo, al punto de que he querido engaventarla y seguir con mi vida. Descubrí que necesito encontrar una distancia saludable de esas emociones duras que las memorias te revuelven. Espero ahora darle otro cariz, más reflexivo y menos doloroso.

Deséenme suerte…

La tormenta de Murakami

“A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”

Haruki Murakami

Esta cita de Haruki Murakami, de su libro Kafka en la orilla (2006), me ha acompañado en mis momentos más oscuros. Sus palabras me han servido de tabla de salvación, un recordatorio de mi capacidad de progresar y rebotar.

Y es que, a veces, perdidos en nuestras pesadillas, creemos que no podremos con todo. Pero, podemos escoger cómo actuar…Siempre tenemos la decisión; o nos dejarmos arrastrar por las penurias, o  pataleamos como locos para salir del remolino. Poco a poco vamos capoteando el fenómeno, el tsunami que nos revuelca, y paso a paso resolvemos este caos que es vivir. Una vez superada, agradecemos cada prueba, la posibilidad de demostrarnos la infatigable fortaleza interior que nos vuelve infatigables, briosos y tenaces. En medio de lo inesperado aprendemos a enfocar nuestros esfuerzos, a calmarnos, sacamos aguante de donde nunca creímos posible. En ese proceso  nos volvemos un poquito más sabios, y nos convertimos en otra persona.

Al salir de la crisis, viene una especie de entumecimiento, – el descanso del guerrero-, donde se decanta todo. La reflexión posterior hace que haya algo especial en los sobrevivientes de las crisis: hay una cierta tranquilidad, como si supieran de lo que son capaces. Nos maravillamos de haber superado las pruebas y se instala en nosotros un orgullo nuevo, pulido, fuerte. Después de la tormenta, viene la calma y sale el sol.

Así son las tormentas…

Recuerda las tormentas a las que has sobrevivido.

Lo que aprendí de mis Páginas Mañaneras

Me topé con el concepto de Páginas Mañaneras (Morning Pages) a través de la escritora estadounidense Julia Cameron. Ella sostiene que escribir tres folios a mano alzada, sin pensar o editar, todos los santos días, tiene un sinnúmero de beneficios, no solo como como una herramienta de exploración, sino también como una forma de vaciar toda la basura que cargamos en la mente. Es un poco lo que llaman Escritura Salvaje. (Sonrío en secreto ante la oportunidad de esto último…)

Así que decidí darle un recreo a mi mente, cuya hiperactividad es la de un bebé de dos años. Después de ventinún días de escribir mis tres páginas diarias, como poseida por un espíritu ante una tabla de Ouija, puedo decir lo siguiente:

  1. Descubrí que es importante hacerlo al despertarme, inclusive antes de cepillarme los dientes. De esa forma puedo evadir al crítico interior, porque el gran carajo, también se levanta temprano.
  2. A veces escojo el tema que me este agobiando de antemano, y del que necesito claridad, y a veces, solo escribo lo primero que me venga a mente. Dejo que mi pluma se deslice sobre el papel sin pensar o editar. Tacho si es necesario, pero mantengo la mano en el movimiento.
  3. Escribir de esa forma desatda es más dificil de lo que pensé, pero el tiempo y la práctica constante lo va facilitando. Como todo en la vida.
  4. Cuando se me acaba la cuerda y no sé qué más escribir, escribo: “no sé qué más escribir, no sé qué más escribir, no sé qué más escribir” las veces que haga falta…y entonces sucede: algo más sale. Siempre.
  5. La ortografía y la caligrafía no aplican en este submundo. De hecho, creo que las monjas de mi colegio se revolcarían al ver el tiempo que perdieron inculcándome el Método Palmer de Escritura. Pero, está bien…ya habrá tiempo de usar el material que he escrito para pulirlo y bonitearlo.
  6. Como no tienes (ni debes) compartir con nadie, eres libre de escribir sin censura ni mesura. Así que, dale que no viene carro… solo así descubrirás lo que es esencial.
  7. Cuando comencé esta práctica solo me quejaba en la página, del trabajo, de la pandemia, de la vida y de cualquier cosa, pero con el pasar de los días, afloraron pequeños cambios en mi lenguaje. Comenzaron a surgir más soluciones que problemas, más respuestas que preguntas, más compasián que lamentos. Una vez superada esa etapa, lo que viene es esa creatividad más suelta. Ahora veo posibilidades, promesas, acciones.

En fin, me encanta la práctica de las Páginas Mañaneras, pues creo que puedo ir más allá: usarla para desenterrar memorias, crear escenas, soñar personajes, escribir artículos, idear cursos. Las posibilidades no tienen límites.

¿Te animas a probarlas?

Las vueltas que da la vida

Jamás pensé en emigrar de Venezuela hasta aquel nefasto día en que mi mundo prefectico y envueltico en celofán, se me vino abajo. Un solo acto, un solo hombre, miles de recuerdos sobre las historias de mis padres y abuelos que sobrevivieron a la guerra y el comunismo. Era diciembre de 1998.

Mucho sucedió entre 1998 y el 2004. Durante meses preparamos nuestra huida, pero aun con un plan en mente, el caos que me envolvía no me dejaba buscarle fondo y verdad a todo ese despelote. Es cuesta arriba ponerle palabras a lo que te surca la mente y el cuerpo, cuando no sabes lo que te depara el presente, y menos, el futuro.

Finalmente, nos instalamos en Toronto en febrero del 2.004. Mi esposo volvió a Venezuela por tres meses a cerrar asuntos de trabajo, mis hijos comenzaron la escuela, y yo descubrí que, a veces la soledad era como un pequeño demonio que se me sentaba en el hombro a susurrarme calamidades. Pero como soy tozuda, espanté la bichito y salí a descubrir mi nuevo territorio. Por cosas del destino, aterricé en una feria de Glendon College, donde mercadeaban cursos para captar nuevos estudiantes. Ahí, en uno de los puestos de la feria, una señora de aura gentil y sonrisa suave, me entregó un panfleto sobre un certificado de traducción inglés-español. En mi situación recién llegada y con la tabla rasa, hice lo que tenía que hacer: me inscribí en el curso. La señora gentil fue mi maestra.

En una de las primeras clases, me entregó mi tarea valorada y me sentenció de por vida. Tienes que escribir, me dijo. Tres palabras que me marcaron. De ahí en adelante, escribí. A veces con mucha disciplina y diligencia, creando cuentos que me hacían sentir como la futura candidata al Premio Nobel de Literatura; otras enrollada en mi cama, atacada por el Síndrome del Impostor.

No todos los días me siento la hija de Hemingway o de Gallegos, pero mis historias le dan masa y peso a ese camino tortuoso que ha sido emigrar y reinventarme. Cada frase escrita es un llaga que se cierra y un camino que se abre. A veces fluyo, a veces me atasco, pero siempre vuelvo al momento en que leo las palabras en la hoja y todo cobra sentido en mi vida.

Cuéntame de las vueltas que ha dado tu vida…

PANDEMIA Y EXILIO

En estos tiempos convulsos, no hay nadie que no haya sido tocado por la pandemia o por el exilio. En mi caso, por ambos. Encierro y destierro a la vez. Meses que se han convertido en años lejos de la gente que quiero.

Pero ayer fue el cumpleaños de mi tía Ceci. Setenta y cinco años que se dicen fáciles, aunque no en Venezuela. Sin embargo, mi tía Ceci es de esas mujeres que tiene la capacidad de ver lo bueno en medio del caos y del dolor. Practica natación con su cadera biónica, siembra árboles en el complejo deportivo donde nada, hace tapices comunitarios mientras medita y se la pasa volcando su pasión por la buena cocina con lo que consigue en los escasos y carísimos mercados de Caracas.

Muchos en esta familia estamos lejos; hemos aprendido a vivir el miedo, con la incertidumbre, con el desarraigo, pero no dejamos pasar un momento para soltar todo aquello que nos agobia y celebrar en familia; un instante de pausa del mundo de heridas abiertas. Gracias a los avances de internet y después de algunos traspiés tecnológicos (je, je, je) anoche nos juntamos para cantarle el “Cumpleaños Feliz” a Ceci desde Venezuela, Canadá, Panamá, Estados Unidos y Argentina.

La pandemia y el exilio no nos puede encerrar. Hay mucho que celebrar.

Los quiero,

Erika

Día 5: esperas

Dicen que lo bueno se hace esperar, pero cuando enfrentaba peligros y estancamientos, la espera del día de partir a Canadá se me hizo eterna.

Los días se convertían en semanas que se convertían en meses. La paciencia se me acortaba y no siempre podía sostener un pensamiento positivo o efectivo. Me revolcaba en escenarios que me amargaban la vida.

La espera es no saber aun cuando uno ya está dispuesto. Pero sucede que las esperas siempre acaban, para bien o para mal. Entonces, como un río contenido al que le abren las compuertas de la represa, todo comienza a fluir.

Hoy, recuerda tu espera, pero más importante, cuál era tu actitud ante la espera. Escarba sobre tu animación suspendida, tu desespero, tu vida entrabada, y luego la energía de tu río.

Como siempre, respira y date permiso para purgar esas memorias. Ten paciencia contigo mismo. Trátate con amor y calma.  

Escribe sin editar ni pensar durante 20 minutos para comenzar. Solo deja que tu mano fluya desde tu mente, a través de tu pluma al papel.  

Descarga aquí el disparador de hoy.

Día 4: Aliados y antagonistas

Como diminutos ángeles y demonios sentados en cada uno de tus hombros, algunos de tus familiares y amigos, probablemente se enfrascaron en dimes y diretes sobre tu decisión de emigrar. Algunas de sus opiniones apoyaron tu resolución, pero otras, te sembraron dudas.

Los aliados y los antagonistas están en tu camino para probarte y para darte contrastes. La función de los antagonistas es poner obstáculos, pero no necesariamente es el malo de la película. Son imprescindibles para que tú, como el protagonista de tu historia, tengas clara tu determinación.

Tus antagonistas pintarán el peor escenario sobre el país a donde quieres ir y te ofrecerán desde una clase magistral de las costumbres inadmisibles de una nueva cultura hasta los días en que la temperatura alcance treinta bajo cero.

Los aliados, en cambio, te brindarán expliaciones sobre las bondades y bellezas naturales del lugar.

Hoy explorarás quiénes fueron tus aliados y tus antagonistas.

Como siempre, respira y date permiso para purgar esas memorias. Ten paciencia contigo mismo. Trátate con amor y calma.

Escribe sin editar ni pensar durante 20 minutos para comenzar. Solo deja que tu mano fluya desde tu mente, a través de tu pluma al papel.

Haz una lista de la gente que te acompañó en tu travesía de migrante. Descarga la hoja de trabajo de hoy y recuerda todo aquello sobre tus ángeles y tus demonios…perdónales todo!

Día 3: Plan de escape

Comenzaste a sentirte en una cárcel, aun en plena calle. Mirabas sobre el hombro mientras caminabas por las aceras de tu pueblo o ciudad y creías que no llegarías a tu casa sano y salvo.

Una vez que cerrabas la puerta de tu casa, pasabas tres cerrojos, activabas la alarma contra robos, mirabas el atardecer a través de rejas, soltabas al perro en el patio. Volver a salir te crispaba. Como un reo en su celda, pensaste en mil planes de escape: escenarios, tiempos, dudas, valentía y voluntad.

Hoy escarbarás el concepto de libertad, lo que ha significado para ti cuando estuvo a punto de esfumarse de tu vida.

Respira y date permiso para purgar esas memorias. Ten paciencia contigo mismo. Trátate con amor y calma.

Escribe sin editar ni pensar durante 20 minutos para comenzar. Solo deja que tu mano fluya desde tu mente, a través de tu pluma al papel.

Descarga aquí para revelar el tema de hoy para recordar cómo era tu vida antes de emigrar. Recordar cómo tu libertad era cada vez más efímera, y todo aquello que tuviste que soltar para reclamarla.

Deja volar tus recuerdos hacia todo lo que hiciste para lograr de nuevo tu libertad.

Dia 2: país en guerra

“Busqué un solo indicio para quedarme. Venezuela se caía a pedazos sin que yo pudiera hacer nada al respecto, por lo que dejar todo atrás y emigrar se convirtió en mi batalla más sabia. Me atormentaba lo escurridiza que era la democracia, lo desmedida que era la maldad, lo impreciso que era el futuro. Me angustiaba el lavado de cerebros y el secuestro de las almas para el servicio del régimen disfrazado de patria.”

E.P. Roostna

Este es un pedacito de mi libro “La hija de los inmigrantes” que ando escribiendo. En él he vaciado mis recuerdos y mis razones para emigrar de Venezuela. He pintado con palabras a un país que estaba en guerra consigo mismo y nosotros, sus habitantes éramos, sencillamente, peones en un gran ajedrez maligno.

Hoy escribirás sobre cómo era tu lugar, en vías de extinción. No son necesarias las bombas o los ejércitos marchando en los pueblos. A veces, la ignorancia, la pobreza, la falta de educación, la indiferencia también forman batallas arduas y perdidas.

Respira y date permiso para purgar esas memorias. Ten paciencia contigo mismo. Trátate con amor y calma.

Escribe sin editar ni pensar durante 20 minutos para comenzar. Solo deja que tu mano fluya desde tu mente, a través de tu pluma al papel.

Descarga aquí para revelar tu tarea de hoy.

Cuéntame cómo era tu país en guerra.

Descubre tu historia de inmigrante

Tú y tu pluma, 14 días…descubre tu historia

(Curso gratuito)

Abril fue el mes de las memorias (puedes buscar inspiración en el apartado llamado Para tu travesía).

En mayo seguimos hurgando, profundizando, yendo al detalle para llegar al mero centro de tu historia de inmigrante. Con este mini curso autoguiado descubrirás las razones y detalles de tus decisones que van más allá de lo obvio y que valen la pane compartir con tantos otros como tú.

Bienvenido al comienzo de esta travesía de escribir sobre todo aquello que has superado al emigrar.

Al emigrar tuviste que apelar a la valentía que quizás no conocías de ti mismo. Aprendiste, empujaste, te adaptaste.  Pero en tu nueva vida, las cotidianidades y sus eternas pruebas te hicieron olvidar un poco aquella persona que fuiste y en la que te has convertido. 

Al final de estos 14 días te darás cuenta de cuánto has crecido como persona y habrás desenterrado suficiente material inicial para escribir tus memorias de inmigrante.

Cada día revelaremos un tema disparador de ideas, enfocado en el arduo y emocionante camino de emigrar. En cada disparador encontrarás

  1. Una cita potente para remecerte e inspirarte.
  2. Un espacio para que afloren tus recuerdos.
  3. Otro espacio para que profundices aún más en el tema y tus memorias.
  4. Un pequeño recordatorio para que notes (y anotes) tus sensaciones y emociones sobre todo lo que escribiste hoy.

Como tú, emigrar me costó noches de insomnio, pero también me regaló mucha compasión y resiliencia. Así que te acompañaré en todo tu camino de documentar tu experiencia. Si quieres compartirla, puedes enviarme un correo electrónico a erikaroostna@gmail.com

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