Solo tú…

Has vivido, has amado, has cumplido tu parte, has fallado y te has levantado. Has sido esposa, madre, hija, compañera, amiga, hada, bruja, y pare de contar… Muchos te han acompañado en tu travesía por la vida, personajes importantes y algunos impostores, pero todos te dejaron algo que te ha definido, aun sin querer. Eres hermosa en todas tus formas y el mundo necesita tu historia, pues, como dijo Ángeles Mastretta “somos aquello que dejamos en otros”.

Estás compuesta de muchos pedazos. Algunos regados, otros en tus manos. Si escribes, podrá pegar todas esas maravillosas piezas que componen ese rompecabezas que eres. Poner tu vida en un papel te ayuda a descubrir que también estás hecha de capas que has construido para esconder aquello de lo que te avergüenzas o lo que te agobia. ¡Basta de esconder tu magnificencia!

En los relatos que lees o escribes, descubres el camino ya andado por otras antes de ti y forjas uno nuevo y propio para las que te seguirán.

La guía “Escribe tu historia” te ayudará a organizar la marañita que tienes en la mente. Búscala en el enlace de mi bio, como un regalo para ti.

Abracitos,

Erika

Y tú ¿De qué te arrepientes?

¿Cuál es tu iluminación más dura?

La mía ha sido caer en la realidad de que no hay mucho que yo pueda controlar.

Me arrepiento de haber sido tan dura conmigo misma y empujarme hasta el cansancio por cosas que me han dejado triste y vacía.

Esploratore / Relato 2 de 52

52 semanas/52 relatos (Semana 2)

Mangia, Marco, repitió la nonna cerquita de la oreja del niño. No era súplica, era una orden. La suavidad cruel con la que pronunciaba cada palabra podía causar escalofríos hasta al mismísimo diablo. La abuela olía a aceite rancio con sudor bajo demasiadas capas de terciopelo en el calor húmedo de Venecia. Ella no calzaba dentro de la categoría de las abuelitas que, amorosamente, horneaban galletitas para su nieto. No. Ella era la bruja amargada que le obligaba a tragar espesas sopas de dudosos ingredientes, quizás hechas con las sobras de las grandes comilonas venecianas a las que ella atendía todas las noches. Marco se enfurruñó, apretó los labios y cruzó los brazos. Entonces, la nonna le apretó por la oreja y lo arrastró a la alacena donde lo encerró durante el resto del día.

¡Te vas a comer la sopa, sí o sí!, la escuchó gritar a través de la portezuela del escaparate. En la oscuridad de la alacena, Marco se secó las lágrimas con rabia, y tanteó hasta encontrar una manzana con la que llenó la barriga, la soledad y las ganas de aventuras. Porque cada encierro era como un grano de arena incrustado en la tierna carne de una ostra creando una perla de libertad. Soñaba con algo que aun no definía, algo que le llenara el hueco que llevaba en medio del pecho. ¿Qué comerán en otros lugares?, pensó. Se acarició las costillas cada vez más presentes y se quedó dormido pensando en su padre ausente y su madre muerta.

Unas horas más tarde, la nonna lo sacó de la alacena por un brazo y lo sentó a la mesa de nuevo frente al mismo plato de sopa babosa. Sin esconder su odio, Marco cerró los ojos y tragó el mazacote a pesar de que su garganta se resistía. ¡Bravo, Marco! ahora puedes ir a jugar al muelle, exclamó la vieja con un toque de triunfo.

Marco corrió tan rápido como pudo por las callejuelas, como si así pudiese poner medio mundo de distancia entre él y su abuela. Se sentó en el muelle con los pies en el agua y el estómago aún revuelto con el recuerdo de la sopa gris. Jabeaba y mecía los pies como pateando el agua, con un murmullo en la cabecita sudorosa que no lo dejaba pensar en su plan de escape. Tantas veces imaginó que descubriría nuevas tierras de donde traería artefactos y joyas, pero hoy estaba cansado.

El sol estaba por ponerse tras la isla de Murano, cuando vio uno de los barquitos de juguete que solía soltar al mar; las ondas del agua lo hacían chocar contra los pilotes del muelle y él se sintió así, flotando al garete, pero sin poder huir. Preso de su abuela, comiendo bazofia el resto de su vida. Entonces, lo asaltaron los espasmos y vomitó hasta que no quedó nada de su espíritu de perro domado, y le surgió una claridad divina que iba más allá del horizonte.

Con el sabor a hiel en la boca, levantó barquito de juguete y con la ceremonia de un juramento, murmuró: Iré a buscar la mejor comida del mundo, algo bañado en salsas y aceite de oliva, algo de ajo y albahaca. O algo así…Juro que la encontraré, así tenga que ir a la mismísima China.


¿Te gustó? Prueba escribir uno. Durante una semana, crea y pule tu relato corto.

¡Me encantará leer tus comentarios! ¡Escríbeme aquí!

Reto Ray Bradbury/ Semana 1

Reto Ray Bradbury/Semana 3

De tus superpoderes…

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, y, muchas veces, nos enfrascamos en una guerra con nosotras mismas, como si nuestra vida dependiera de ello, hasta para las minucias.


Ahí, donde más batallamos se encuentra el secreto de nuestro propósito y nuestra misión. Son los mensajes de lo que es nuestra esencia, aquello que vale la pena en nuestra vida única.  Ahí, en medio de ese caos está escondido aquello que nos da fuerza: nuestros superpoderes.

Para descubrirlos es imperativo entenderlos con paciencia y fe. La mejor manera es escribir: nuestras contiendas, nuestras caídas, nuestras victorias. Descubrir las armas que usamos y al final, los armisticios que firmamos.


No tengas miedo. Toma tu diario y escribe tu batalla, #heroinademilcaras ¡Descubre tus superpoderes!

¿Quién dijo miedo?

Estos son tiempos de temor e incertidumbre. Nuestro cerebro está en punto de ebullición, confuso y nebuloso. Te entiendo; estoy en ese mismo punto. A veces, hasta tengo dudas de lo que escribo, miedo que mis textos pasen al olvido, que a nadie le interesen, pues hay tanto que nos agobia en este mundo caótico. 

Pero, ¿sabes qué? Escribo de todas maneras, lo hago con miedo, porque cada palabra, cada línea, cada idea significan mucho para mí. Es en esa vulnerabilidad que consigo mi verdad, porque he aprendido que la  verdad nunca es nuestra enemiga, aunque a veces, nos encabrone…

Si tienes miedo de escribir, anda, siente el miedo, y hazlo de todas formas.

Cuéntame… ¿a qué le temes?

PD: Atenta, que pronto sabrás que no es tan difícil escribir, pero es una labor de amor (propio)…

Canas al aire / Relato 1 de 52

52 semanas/52 relatos (Semana 1)

“Las mujeres se vuelven radicales con la edad. Quizás, algún día, un ejército de canosas tomará el mando del mundo calladamente”

Gloria Steinem

Malú juraba que el cabello borgoña le sentaba. Se sentía fuego puro, una guerrera en control total de su cuerpo, aunque las hormonas le traicionaran. El rojo le camuflaba las arrugas y los párpados caídos. Siendo pelirroja de cajita, cada seis semanas se sometía a la travesía innecesaria de teñirse el cabello. Cada raíz blanca era un grito, un recordar que iba para vieja, que no podía dejar de llevar el mundo sobre los hombros. Esa máscara había sido su de fortaleza, aun cuando llorara en las noches. Pero, estaba cansada y ya había decidido dejarse las canas. Costara lo que costara.

Una noche, el costo de una mentira llegó al teléfono de su marido. Malú se revolcó en el piso y quiso emborracharse de los químicos otra vez, buscando quitarse esa facha de zorrillo pelirrojo. En los siguientes días Malú se paseaba por los pasillos de la farmacia y mirando sobre el hombro, acariciaba las caja de tintes rojos y negros. En su desespero había considerado hasta los azules y verdes, creyendo que su arsenal contra con una demonia, joven y audaz, era limitado y quizás, obsoleto.

Entró casi arrastrándose a la peluquería como un adicto con síndrome de abstinencia. Píntamelo todo; quítame las canas, lloró con rencor. Con la presencia de un abuelo sabio, aunque podía ser su hijo, el estilista la abrazó y le soltó una verdad mayor: Malú, en un tiempo en que envejecer es un miedo, hay que hacerlo un privilegio. El estilista le hizo desaparecer el rojo con unas mechitas reflejos, algo parecido a las canas que hizo que sus líneas se difuminaran. Malú se sintió más suave, aunque su mirada aun tenía el brillo fiero. Su expresión era más noble, había menos lucha, más bondad; menos apariencia, más autenticidad. No había tapado el fuego con el gris de las cenizas. Eran las trizas de plata de un fénix que renacía.

Malú salió de la peluquería con la frente en alto, sin más necesidad que de ella misma. En su nuevo espacio asintió con una sonrisa, mientras los demás se peleaban por su pedazo del mundo. Su revolución ahora era suave y callada, estaba en paz y era libre son sus canas al aire.


Ray Bradbury Semana 2

Morir lejos

Ayer, se nos fue el tío Jacobo tras años de vivir bajo la sombra de solo tener seis meses de vida. Había sobrevivido a más de quince asaltos a mano armada, un cáncer que se llevó la mitad de su lengua, y algunos excesos que le dejaron los pulmones desechos y el corazón demasiado grande. Sus peripecias me darían para escribir un libro llamado “Las veinte vidas de Jacobo Javornik” y ciertamente, si pudiera describir al tío Jacobo con dos palabras, sería El Personaje. Su vida estuvo llena de “Jacobadas” que nos hacían reír y, a veces, hasta entornar los ojos; ahora pasarán a ser la colección de las mejores memorias que les contaremos a nuestros nietos. Si bien tuvo sus momentos revoltosos, que a veces no comprendíamos, él vivió a su modo y su familia era lo máximo. Anoche, aun con los ojos hinchados, recordé su chiste sobre la advertencia de su mejor amigo moribundo, que le prometió que vendría a halarle los pies por las noches; en la oscuridad de mi habitación, metí mis pies bajo la cobija, por si acaso se le ocurriese a mi tío hacer lo mismo.

Cuando murieron mis abuelos en Venezuela, nos reunimos en casa de mis padres tras cada funeral. Toda la familia se sentaba en el porche a recordar a los viejos entre risas y llantos, con una caja de cervezas y una sopa de pollo, de esas que levantan a cualquier muerto, menos a los finados. Hoy, nosotros, esa misma familia, andamos esparcidos por el mundo. Los abrazos son virtuales, aunque la tristeza es muy real, pero ello no significa que no podamos recordar las anécdotas del tío Jacobo, su legado, su amor, como lo hicimos con los abuelos. Nuestro grupo de WhatsApp está lleno de fotografías de copas de vino y escocés, brindando por sus cuentos entre risas y llantos, como antes, pero diferente.

Jacobo murió tranquilo y rodeado de su familia, algunos de cuerpo presente, otros desde la lejanía, pero presentes de otra manera. Hoy rezaremos un rosario a través de una video conferencia desde Canadá; no estaremos todos en la funeraria, ni cuando rieguen sus cenizas. Jacobo era un hombre bueno; se evidencia en las lágrimas en España, Panamá, Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Eslovenia y Argentina.

Mi tío Jacobo siempre quiso que me dedicara a escribir y que no malbaratara lo que él llamaba mis dones en cosas que no fuesen escribir. Juraba que, si se ganaba la lotería, me regalaría un millón de dólares para que no tuviese que preocuparme de las finanzas hogareñas. No sucedió lo de la lotería, y está bien, pues me dejó mucho más que eso. Y, aquí estoy con su millón de recuerdos, escribiendo y honrándolo, aunque sea de lejos.

Erika P Roostna

Enero 8, 2021

Reto de Ray Bradbury:

52 semanas, 52 relatos

¡Feliz 2021!

Estamos programadas para contar historias, pero, a veces, la falta de tiempo, las cotidianidades y las dudas se interponen en el camino de nuestra creatividad. ¡Ay! esas eternas excusas que nos frenan…

Ray Bradbury, el escritor estadounidense de ciencia ficción, tuvo una brillante idea plasmada en su famosa cita sobre escribir un relato a la semana, como una forma de recordarnos que nos podemos permitir la mediocridad dentro de una travesía de experimentación.

Lo interesante es que no te comprometes a un proyecto de proporciones agobiantes, o sea, no tienes que escribir La Odisea o Anna Karenina, sino relatos cortos. Manejables, digeribles, rápidos.

Además, esta forma de escribir te ayuda a soltar la mente y la mano, a aplastar al censurador interno. Y, sobre todo, porque con esta práctica, seguro encontrarás un tesoro a seguir desarrollando en tus relatos.

El reto consiste en dedicarle una semana a un relato corto. Un día para la idea que te asalta o buscas, los personajes y trama inicial, otro para el primer borrador, y así sucesivamente para la edición, y su publicación.

¿Te animas?

Lo importante es experimentar. Si necesitas inspiración, visita mi apartado “Para la travesía”

¡Feliz pluma!

PD: No te olvides de compartir tu relato en los comentarios!

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“Pocos escritores realmente saben lo que están haciendo, hasta que lo hacen”Anne Lammott

Muchas cosas te han sucedido: logros, llamados, amor, desilusión, bancarrota, alcohol o drogas, gordura o anorexia. Y, aunque parecen lejanos, los llevas en medio del pecho. De pronto, piensas que hay la posibilidad de una historia. Ese deseo de escribir te ha sido plantado por alguna razón. Deja que tu instinto te guíe, suéltate a la curiosidad, pues mientras te atrevas a crear y a afirmar, gastarás menos tiempo en aquello que te roba la energía y la autoestima. Como el héroe que regresa a casa con el tesoro, es tu momento de compartir la sabiduría que lograste en tu travesía.

Por ahora, solo vamos a tocar las ideas y las ganas. Cero estructura y técnica literaria; por ahora, no son importantes.

Dedícate tiempo y amor

Tu mayor poder, después del amor, es el poder de crear; a ti misma, tu realidad y tu mundo. Hazte una promesa de dejar de operar en modo supervivencia, de posponer tu creatividad, de enterrarte en vida. Tú y tu historia son tu prioridad. Elizabeth Gilbert en su libro Big Magic dice “crea aquello que cause una revolución en tu corazón”.

Consigue un diario

Comienza por escribir un poco todos los días. Lo que sientes, lo que recuerdas. Si necesitas inspiración, mira en el apartado “Para la travesía”. Llevé diarios durante mucho tiempo. Son mi Baúles de los Recuerdos que abro para encontrar y fueron la fuente de todo aquello que creí olvidado.

La técnica de escritura salvaje o escritura automática ayuda a evitar el censor que llevas dentro y dejar que fluyan ideas, imágenes, sensaciones y emociones. Si, por ejemplo, necesitas escribir sobre un engaño, comienza con una frase como: “Confié en ti, pero…”

Céntrate en un tema

Cuando comencé a escribir La hija de los inmigrantes, sabía cuál era el tema: el momento en que se me partió la vida y tuve que volverme inmigrante somo mis padres. El miedo, la incertidumbre, el estar metida entre dos aguas, el impacto de las historias que se repiten. Esos fueron mis puntos de partida.

Haz una línea de tiempo

Como parte del ejercicio de desenterrar las memorias, construye una línea de tiempo; qué sucedió y cuándo sucedió. Te ayudara a escarbar tus recuerdos y a construir la trama formal más adelante.

Muestra tu odisea

Pinta con palabras el agobio y las dudas. Muéstrate vulnerable. Si pasaste un divorcio, escribe sobre la cama vacía, las gavetas abiertas, la sensación de ser un hueco. Ese es el punto de inflexión, el momento de tocar fondo. Usa tus sentidos para pintar los detalles. ¿A que sabe el engaño? ¿De qué color es la tristeza?

Celebra las lecciones

¿Qué aprendiste? ¿Cómo es tu vida después de la noche más larga? Habrá un momento en que, mientras escribes, sonreirás ante la epifanía que descubriste entre tus palabras.  Te lo prometo. Verás que eres más fuerte de lo que pensaste.

Comienza. Eso es todo. Da pequeños pasos pero firmes y constantes. Pronto surgirá la estructura, porque Brené Brown, socióloga estadounidense, sostiene que “un día contaras la historia de cómo sobrellevaste todo aquello que te sucedió, y esa historia será la guía de supervivencia de alguien más”.

Me encantaría leer tu percepción y comentarios sobre este proceso que vas a comenzar a escribir y crecer.

¡Gracias a la vida!